Creciendo con Piojito

       y ahora también con Pulguita

La habitación que tengo y la habitación que esperaba tener

en 28 de noviembre de 2012

Recuerdo el momento en el que decidimos empezar a comprar las cosas que Piojito iba a necesitar cuando naciera,estaba embarazada de seis meses. Fue entonces cuando empezamos a pensar en la cuna, la minicuna, el cochecito, el cambiador y ese largo etcétera de cosas que parecen imprescindibles.

Hoy quiero hablar de la cuna, o más concretamente de nuestra habitación. Siempre tuvimos claro que queríamos que el bebé durmiera con nosotros; no sabíamos por cuánto tiempo sería, pero no nos imaginábamos a nuestro hijo con un par de meses durmiendo en su propio cuarto.

Unas semanas antes de que saliera de cuentas, vino nuestra amiga Eli  a ayudarnos a montar la cuna.

armandolacuna

Estábamos todos súper emocionados, poniendo cada uno de los tornillos. Cuando acabamos le puse las sabanitas que hizo la abuela, en nuestra cama coloqué el súper edredón hecho a mano que me regaló otra amiga y que súper conjuntaba con la recién pintada pared, todo tan colocado, todo tan en su sitio… Cuando acabamos estábamos tan contentos que inmortalizamos el momento.

La habitacion que esperaba

Ha pasado más de un año desde ese momento y os invito a que veáis cómo ha cambiado la situación.

la habitacion que tengo

Creo que sólo quedan, de aquel idílico momento las cortinas y la silla (sí, eso que hay debajo del montón de ropa sigue siendo la misma silla).

Nunca pudimos imaginar que una cuna no sólo no era imprescindible sino que no era ni siquiera necesaria. Nos fuimos dando cuenta poco a poco.

  1. Ya la primera noche comprobamos que era inviable que la cuna estuviera separada de la cama, así que la juntamos.
  2. La noche siguiente comproblamos que aunque la cuna estaba pegada a la cama la barra lateral seguía siendo un estorbo para coger al niño cada vez que se despertaba. Tuvimos que quitarla.
  3. Aún así, con la cuna pegada y sin barandilla, Piojito tenía claro que prefería dormir más tiempo en nuestra cama que en la cuna. La cuna pasó a ser un guardarropa improvisado y Piojito pasó a dormir oficialmente en nuestra cama.
  4. Como conforme se hacía mayor se movía cada vez más, y para evitar que se cayera mientras no estábamos con él, pensamos que podía ser una buena idea quitarle las patas a la cama y convertirla en un futón.
  5. Llegado a este punto, y viendo siempre la cuna bajo un montón de ropa, asumimos nuestro error inicial y la desarmamos.
  6. Pero Piojito seguía creciendo y ya no sólo dormía en nuestra cama, sino que al parecer la necesitaba para él en toda su extensión. Las noches se convirtieron en una especie de partida de Risk  en la que su papá y yo nos uniimos contra el expansionismo de Piojito.
  7. Tras algunas noches en las que papá tuvo que dormir en el exilio del sofá, concluimos que lo mejor, aunque se alejaba kilómetros de nuestro plan inicial, era adosarle a la ¿cama de matrimonio? un colchón individual.

Y así estamos, con la habitación convertida en una especie de campamento.

Fue así como hemos terminado durmiendo todos juntos, es decir, practicando colecho. La verdad es que nos alegramos mucho de este proceso que hemos seguido, de no haber tenido una idea preconcebida inamovible y de habernos dejado llevar por lo que nuestro hijo y nosotros necesitábamos en cada momento. Ahora disfrutamos de dormir todos juntos y revueltos. Os lo recomiendo.


2 responses to “La habitación que tengo y la habitación que esperaba tener

  1. Me he sentido bastante identificada con lo que cuentas, aunque con algunas diferencias. Nosotros no hemos quitado las patas a la cama porque tenemos canapé debajo del colchón y no es tan sencillo ponerlo en otro sitio. Y tampoco hemos puesto otro colchón en nuestra habitación por problemas de espacio. Seguimos con la cuna en la habitación y la usamos de día y la primera parte de la noche y luego, nuestra hija, pasa a nuestra cama hasta que amanece. No nos va mal así, pero en nada se parece a lo que imaginaba antes de ser madre. Nunca pensé que nuestra hija durmiera en nuestra cama, me parecía peligroso… Está claro, que cada familia buscamos lo que más se adapta a nuestras necesidades y circunstancias y en muchos casos, no se parece en nada a la idea que teníamos antes de ser padres.
    Un beso

  2. mamapioji dice:

    ¡Gracias por comentar! Efectivamente todo cambia mucho una vez que los hijos nacen. A mí tampoco me parecía normal dormir en la cama con mi hijo. Pero ahora me parece lo mejor del mundo.
    Un abrazo

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