Creciendo con Piojito

       y ahora también con Pulguita

Nuestro parto en casa

en 25 de mayo de 2014

Unos meses después del nacimiento de Pulguita decidí escribir su parto. Fue algo intenso y maravilloso, necesitaba expresar con palabras todo lo que había sentido.

He estado un tiempo pensando si compartilo en público, ya que es algo muy personal y en el que hay más personas además de mí implicadas. Finalmente he decidido hacerlo, me ayudó muchísimo leer relatos de partos gozosos de otras mujeres como preparación para mi propio parto. Mi parto fue gozoso (aunque claro que hubo momentos en los que flaqueé), me hizo sentir la mujer más poderosa del mundo, me sirvió para reconectar con mi cuerpo y me ayudó a sanar la herida de la cesárea de mi primer hijo.

podemos-parir_1Lo comparto hoy porque qué mejor que hacerlo durante la Semana Mundial de Parto y Nacimiento Respetados.
Porque PARIR ES PODER, y porque si tan solo sirve para que una  sóla mujer embarazada vea que hay partos y nacimientos respetados y preciosos, sabré que ha merecido la pena compartir esta experiencia tan íntima.

Quiero agradecer de nuevo a las personas que nos compañaron durante este fascinante viaje, sobre todo a mi compañero, sin su apoyo incondicional no hubiera sido posible. Ahí va.

La que sería la última semana de embarazo fue bastante ajetreada. S. tenía que cerrar algunos asuntos de trabajo antes de que naciera el bebé por lo que Piojito y yo nos las teníamos que ingeniar para estar entretenidos solos, hecho que con mi enorme barriga resultaba bastante complicado. Llevaba ya algunos días con alguna molestia pero nada muy llamativo. El viernes me fui a la piscina con Piojito y una amiga, para pasar el día fresquitos. Al día siguiente, ya que S. acabó el trabajo pendiente, decidimos volver a ir a la piscina, esta vez con unos amigos. Al llegar a casa me noté muy cansada, sentía el bebé muy abajo por lo que empecé a emocionarme sabiendo que el momento llegaría pronto. Esa misma noche estuve hablando con mi amiga y doula B., aún estaba de vacaciones con su familia, me dijo que al día siguiente ya volvían a Madrid. Quería que me acompañara en el parto, pero dado que también es mamá y que si el parto transcurría de noche no podría venir, decidimos que no planificara sus vacaciones respecto a mi FPP, que lo dejaríamos fluir y que sería mi hij@ el que decidiría. El domingo me pasé todo el día bastante molesta, incluso mareada, le pedí a S. que se fuera a la calle con Piojito para poder estar tranquila y descansar, decidí ver el documental El primer grito y me emocioné muchísimo.

Esa misma noche, la del domingo al lunes 26 de agosto estaba durmiendo cuando de repente me desperté, sentí como el bebé hacía un “movimiento raro” en mi interior y justo después llegó la primera contracción. En ese instante sabía que el momento había llegado, algo me decía que el parto empezaría pronto. Me levanté y fui al baño, miré la hora: las 3 de la mañana, sentí alguna contracción más pero al notar que aún eran débiles y espaciadas, y siendo la hora que era, decidí volver a meterme en la cama para intentar descansar lo máximo posible. Una hora y media más tarde tuve que levantarme porque ya no aguantaba las contracciones en la cama, aunque no eran muy seguidas comenzaban a ser dolorosas. Me puse a doblar ropa y encendí el ordenador para intentar estar entretenida y tener la mente ocupada (escribí pidiendo velitas pero me costó un par de horas darle a enviar….). Avisé a S. de que pronto conoceríamos a nuestro bebé, le propuse seguir durmiendo ya que no sabíamos cuánto tiempo iba a estar así.

Las contracciones iban aumentando en intensidad, las acompañaba sentada en la taza del wáter, estaba muy contenta pensando que pronto conocería a mi hij@, le hablaba y le animaba, le decía que pronto nos conoceríamos. No sé en qué momento S. se levantó, me imagino que ya tampoco podría dormir. Le ordené (sí, como una loca) que fregara la bañera, jajaja, llevaba unos días pensando en que me iba poner de parto y la bañera estaba sucia… Yo estaba en el salón sentada en la pelota de pilates, ya era el único lugar donde llevaba las contracciones bien. Intentamos contar cada cuanto eran las contracciones y parecía que cogían ritmo.

Es curioso pero esa noche Piojito durmió el tirón. Cuando se despertó, serían algo más de las 7, y se puso a mamar, pensé ¡qué bien! oxitocina a tope, esto ya no hay quien lo pare. Nos levantamos de la cama y fuimos todos al salón. Cada vez que sentía una contracción abría mucho la boca y utilizaba el sonido para abrirme. Le dijimos a Piojito que mamá estaba cantando al bebé para que saliera, él muy dispuesto, cogió su armónica y se puso a tocarla. Pasamos unas contracciones todos juntos pero reclamaba mucho mi atención y no conseguía meterme de lleno en el proceso. Le dije a S. que ya era hora de llamar a la doula.

En algún momento que no recuerdo, me puse un collar que me hice para el día del parto en la fiesta de oxitocina que nos regalamos un grupo de mujeres en el que habíamos 4 embarazadas. Sabía que me daría la fuerza que necesitaría y quería sentir la presencia de todas ellas en ese momento tan especial.

Cuando llegó la doula me relajé muchísimo, sólo su presencia me transmitía tranquilidad y seguridad. S. salió con Piojito y nosotras nos quedamos en casa. Estuvimos conversando entre contracciones y con ella expulsé mis miedos: mi miedo a no poder, mi miedo a una nueva cesárea y mi miedo a que me volvieran a robar los primeros momentos de vida de mi hij@. Sabía además que ella me guiaría para decidir cuál era el momento de llamar a la comadrona. A todo esto, había avisado también a mi amiga B. que justo había regresado la noche anterior de vacaciones, en algún momento de la mañana también llego a casa.

Todo el proceso de dilatación fue genial y nada parecido a lo que me había imaginado. Sentada sobre la pelota, con las ventanas abiertas y las persianas subidas disfrutando de un precioso sol de media mañana. Yo que me imaginaba a oscuras y rodeada de velitas. Estaba totalmente entregada al proceso y todo lo que me ofrecía la doula me parecía genial: una infusión de frambueso, mmm riquísima, una cremita para ponérmela en la tripota cuando me la acariciaba hablando con mi bebé, calorcito por los riñones, masaje en la espalda… vamos que ojalá estuviera una de parto todos los días para estar tan cuidada.

Notaba que la música con la que llamaba a mi hij@ iba cambiando, el dolor aumentaba. Me ofrecieron una ducha y acepté, me apetecía mucho, pero no conseguía mantenerme de pie, así que me tumbé como pude en la bañera y metimos la pelota dentro para apoyarme. Esa ducha para mí fue un momento épico, una sensación placentera, se puede decir que el dolor de las contracciones pasó a un segundo plano, a estas alturas estaba totalmente entregada, me dejé llevar y cada chorro de agua que sentía por mi cuerpo y cada contacto con las manos de la doula y B. me hacían ver el paraíso, cada vez que me acuerdo se me pone la piel de gallina.

Cuando salí de la ducha la doula me dijo que se iba a pasear un rato y que creía que podíamos llamara ya a la comadrona. S. regresó sin Piojito, que se había quedado con una vecina. Cuando llegó La comadrona escuchamos al bebé, todo bien. Me dijo que quería saber cómo iba y que si no me importaba me iba a hacer un tacto. Acepté sin dudarlo, yo también quería saberlo. Estás de 8 cm. ¡Qué alegría! Estuve un rato más sobre la pelota y después me metí de nuevo en la bañera, esta vez la llenaron para que pudiera sumergirme. Dentro de la bañera sentí cómo se rompía la bolsa, ¡qué sensación!, llamamos a la comadrona, las aguas eran claras todo seguía fenomenal. En la bañera las contracciones se hacían cada vez más intensas y más dolorosas, enseguida empecé a notar ganar de empujar, volvía a llamar a la comadrona, me pidió permiso de nuevo para hacerme un tacto y accedí. Me comentó algo del cuello del útero que no recuerdo, algo así como que se había llevado un poco del cuello, si no recuerdo mal eso mismo le pasó a Piojito, me dijo que no pasaba nada que cuando ella me avisara empujara un poco y así hice. Me dijo que el bebé iba bajando muy suavecito y que si tenía ganas de empujar que lo hiciera.

Empecé a estar muy incómoda en la bañera, las contracciones eran muy dolorosas, tenía ganas de empujar pero no me sentía cómoda tumbada así que nos fuimos a la habitación. Yo ya comenzaba a estar agotada, me puse a cuatro patas y la comadrona me ayudaba apretándome el culete. Con cada pujo notaba al bebé bajar, cada vez tenía menos fuerza y más ganas de acabar. S., B. y la doula me animaban sin parar. ¡Ya está aquí! ¡Le vemos la cabeza! Pero cuando parecía que iba a salir no salió. Me desanimé muchísimo, las contracciones empezaron a espaciarse y yo me sentía sin fuerzas. Me propusieron que me tocara los pezones para ver si las contracciones se animaban de nuevo pero no quise, sólo quería descansar. Me tumbé en la cama para intentar descansar entre contracciones pero no lo conseguía, aunque eran espaciadas eran muy dolorosas. En ese momento sólo pensaba en que no podía más, en que no iba a poder, creo que si hubiera estado en un hospital hubiera pedido la epidural como una loca. Sólo podía decir ¡No puedo! ¡No puedo!

Como estaba tan agobiada me propusieron un cambio de aires, creo que la doula propuso volver al baño, acepté sin dudarlo. Me senté en la taza y esta vez sólo entró la comadrona conmigo. El cambio me vino bien, me relajé y volví a conectar con mi cuerpo. La comadrona no paraba de hablarme: respira hacia la vagina, nota cómo te abres. Sentía cómo me empoderaba y con cada contracción abría la garganta y gritaba como nunca he gritado. En un momento la comadrona cogió mi mano y la puso en mi periné, noté cómo se estiraba por la presión de la cabeza y me empoderé aún más. Con cada contracción gritaba y empujaba, estaba en un estado de éxtasis inexplicable. Estaba tan ida que no sé explicar cómo salió el bebé… Sé que en un momento me pidió que si podía no empujara tanto, no sé cómo pude controlarlo pero lo hice, fui pujando y pujando. Ya estaban todos de nuevo conmigo: ¡vamos que ya está aquí, ahora sí! S. me cogía la mano y me decía: vamos que ya está aquí. Y de repente sentí como todo su cuerpo salía de mí, La comadrona lo cogió, me senté y lo cogí. ¡Qué sensación! Estaba tan pegajoso, ¡tan calentito!, no me lo podía creer. Le miré y miré a S., ¡es un niño! nos dijimos entre llantos. Puedo afirmar, que ha sido el momento más mágico de mi vida.

Nos fuimos a la cama. ¡Qué a gusto se está en tu propia cama después de un esfuerzo tan grande! Una hora más tarde aún no había salido la placenta. Tuve que empujar para que saliera. La revisaron y la admiramos. B. fue la encargada de cortar el cordón. La comadrona revisó mi periné, intacto, no podía creérmelo. Además me dijo que había nacido con una mano en la carita. Costó que el bebé se enganchara a la teta, parece que no tenía muchas ganas, pero al final lo conseguimos.

S. se fue a buscar a Piojito. Nos reunimos todos los miembros de la familia y brindamos por el nacimiento del bebé, que aún no tenía nombre.

Ese bebé se llama Gabriel, y gracias a él he recuperado la confianza en mi cuerpo de mujer. Porque si nos dejan, y estando bien acompañadas claro que ¡PODEMOS!

 


6 responses to “Nuestro parto en casa

  1. Enhorabuena. Te admiro (y envidio, pero envidia sana…) por ese parto tan respetado y tan amable para ti y para tu hijo.

  2. Ay Laura, madre mia, que bonito🙂. Me alegro que pudieses conectar con tu cuerpo y tener un parto respetado en casa.
    Todavía estoy un poco impactada por como hemos cambiado en estos años sin vernos ni saber la una de la otra. No me lo imaginaba que te hicieras doula!! bueno, ya sabes..
    Ah! y claro de PODEMOS!
    Un besazo

  3. Ramiro dice:

    Gracias por ser tan valiente, por ser tan grande y por compartir algo tan intimo. Gracias por compartirlo, de verdad. Estamos en la semana 39. Se lo acabo de leer a mi esposa y no paraba de llorar por la emocion. Lo lei despacio, con mucho sentido y sentimiento (asi podia coger aire y fuerzas y hacerme el valiente). Gracias por compartirlo. Me has inspirado y dado fuerzas. Ahora estoy mas tranquilo y poquito mas fuerte para acompañarla y estar con ella durante todo el parto. Ah, y nuestra niña que viene se llama Gabriela! GRACIAS!

    • mamapioji dice:

      Hola Ramiro, muchas gracias por tu comentario. Se me ha erizado la piel al leerlo. Me alegra mucho que os sirva para coger fuerza y confianza para vuestro próximo parto. Espero que todo vaya fenomenal. Estoy segura de que Gabriela llegará a este mundo rodeada de amor.
      Un abrazo

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